Archivo para abril, 2009
Pan y plan para el pueblo
César Lévano
cesar.levano@diariolaprimeraperu.com
Pan y plan para el pueblo
El régimen aprista no puede con su genio: sigue urdiendo medidas contra el pueblo trabajador y en especial contra los sindicatos. Lo reflejan las madres del vaso de leche, los pueblos amazónicos, los despedidos, los trabajadores de construcción civil que se enfrentan a delincuentes disfrazados de obreros.
La ofensiva piloteada desde Palacio de Gobierno se manifiesta, por su parte, en dispositivos engañosos. Por ejemplo, el liberar el 100% de la Compensación por Tiempo de Servicios (CTS) en los depósitos de este año. Este supuesto regalo de Papá gobierno es, en el fondo, una puñalada por la espalda.
No se puede olvidar que la CTS es un mínimo seguro de desempleo, puesto que se cobra al final de un desempeño laboral.
Si se quisiera favorecer a los trabajadores, dos medidas serían perentorias: legislar contra los despidos en masa y elevar sueldos y salarios, en particular el salario mínimo.
En esta columna hemos propuesto que el aumento de sueldos empiece por el sector público. Sabido es que esos aumentos no se trasladan al precio de los productos.
En cuanto a los despidos, el actual régimen no sólo tolera los despidos en masa, sino que él mismo los practica.
Esos licenciamientos se descargan sobre todo en trabajadores que han cometido el pecado de organizar un sindicato, o adherirse a él.
Hay que denunciar una maniobra grave contra los derechos laborales y hasta contra la paz social: la creación de organizaciones sindicales paralelas. Esto último ocurre contra la Federación de Trabajadores de Construcción Civil y sus bases. Lo vemos a cada rato en Lima y Callao, y lo acabamos de ver en Chimbote.
Conocemos casos en los que un sindicato reconocido por el Ministerio de Trabajo y respaldado por sus afiliados, ve aparecer un sindicato paralelo. El oficialismo es patente: no sólo porque se otorga garantías a los usurpadores, sino que incluso se les conceden mejoras que la organización legítima reclamaba hace años.
Desde que el Apra se convirtió en gobierno o cogobierno, ha buscado dividir, reprimir y desconocer al sindicalismo auténtico (con historia y todo).
Alan García, que vivió en México en los días del corrupto Partido Revolucionario Institucional, quiere practicar lo allá aprendido.
En el libro Le syndicalisme dans la mondialisation, fruto de un coloquio internacional realizado en París, vemos que ese corporativismo mexicano se bate en retirada. A golpes, sobre todo, del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, que ha reducido el ingreso de los trabajadores urbanos y rurales.
En México, el PRI usufructuó el ascenso agrarista y nacionalista de los años 30 y 40. En el Perú, la maniobra antisindical surge bajo un régimen en picada, cuyos mílites “sindicales” se reclutan en los barracones del Lumpenproletariat.
César Lévano
cesar.levano@diariolaprimeraperu.com
Pan y plan para el pueblo
El régimen aprista no puede con su genio: sigue urdiendo medidas contra el pueblo trabajador y en especial contra los sindicatos. Lo reflejan las madres del vaso de leche, los pueblos amazónicos, los despedidos, los trabajadores de construcción civil que se enfrentan a delincuentes disfrazados de obreros.
La ofensiva piloteada desde Palacio de Gobierno se manifiesta, por su parte, en dispositivos engañosos. Por ejemplo, el liberar el 100% de la Compensación por Tiempo de Servicios (CTS) en los depósitos de este año. Este supuesto regalo de Papá gobierno es, en el fondo, una puñalada por la espalda.
No se puede olvidar que la CTS es un mínimo seguro de desempleo, puesto que se cobra al final de un desempeño laboral.
Si se quisiera favorecer a los trabajadores, dos medidas serían perentorias: legislar contra los despidos en masa y elevar sueldos y salarios, en particular el salario mínimo.
En esta columna hemos propuesto que el aumento de sueldos empiece por el sector público. Sabido es que esos aumentos no se trasladan al precio de los productos.
En cuanto a los despidos, el actual régimen no sólo tolera los despidos en masa, sino que él mismo los practica.
Esos licenciamientos se descargan sobre todo en trabajadores que han cometido el pecado de organizar un sindicato, o adherirse a él.
Hay que denunciar una maniobra grave contra los derechos laborales y hasta contra la paz social: la creación de organizaciones sindicales paralelas. Esto último ocurre contra la Federación de Trabajadores de Construcción Civil y sus bases. Lo vemos a cada rato en Lima y Callao, y lo acabamos de ver en Chimbote.
Conocemos casos en los que un sindicato reconocido por el Ministerio de Trabajo y respaldado por sus afiliados, ve aparecer un sindicato paralelo. El oficialismo es patente: no sólo porque se otorga garantías a los usurpadores, sino que incluso se les conceden mejoras que la organización legítima reclamaba hace años.
Desde que el Apra se convirtió en gobierno o cogobierno, ha buscado dividir, reprimir y desconocer al sindicalismo auténtico (con historia y todo).
Alan García, que vivió en México en los días del corrupto Partido Revolucionario Institucional, quiere practicar lo allá aprendido.
En el libro Le syndicalisme dans la mondialisation, fruto de un coloquio internacional realizado en París, vemos que ese corporativismo mexicano se bate en retirada. A golpes, sobre todo, del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, que ha reducido el ingreso de los trabajadores urbanos y rurales.
En México, el PRI usufructuó el ascenso agrarista y nacionalista de los años 30 y 40. En el Perú, la maniobra antisindical surge bajo un régimen en picada, cuyos mílites “sindicales” se reclutan en los barracones del Lumpenproletariat.
Liberales y conservadores
Liberales y conservadores
Autor: Víctor Andrés Ponce
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Luego del crecimiento de Keiko en las encuestas, diversos analistas se preguntan por qué un sector de la derecha podría inclinarse por una eventual candidatura fujimorista en la segunda vuelta para frenar el proyecto bolivariano. ¡Elegir entre Keiko y Humala! Un escenario que estremece, pero que no es algo imposible luego de que los extremistas movieran cielo y tierra para resucitar el populismo autoritario de derecha.
Otra pregunta que surge: ¿cuál sería el papel de los libertarios y libre- pensadores en un escenario de ese tipo? ¿Votar en blanco, detener al fujimorismo o al chavismo? ¿Abandonar el país y sentir que fuerzas mágicas y adversas nos gobiernan? De allí la indignación civilizada y legítima que nace frente al increíble papel de nuestros radicales que hoy ya deben ser conscientes de su proeza.
Si siguiéramos la tradición política del Perú en el siglo XX, tendríamos que reconocer que los liberales siempre aparecieron junto a los conservadores, pero ¿por qué las fronteras se borraban con tanta facilidad?
Nuestro país es uno de los pocos de América Latina en el que la sombra del marxismo se desplegó con gran densidad. Desde los proyectos aurorales de José Carlos Mariátegui, pasando por la maciza actuación de Víctor Raúl Haya de la Torre, las guerrillas del 65, hasta el estatismo velasquista. Los conservadores y los mercantilistas se transformaron en la línea de contención de las amenazas contra la propiedad, y a los liberales no les quedó barricada por escoger.
El conservador defendía la propiedad, el Estado y la autoridad, pero relativizaba la democracia y el mercado inclusivo, aquel mercado de los empresarios informales de Puno. El conservador le quitaba identidad al liberal y limaba su filo revolucionario. De este maleficio fue víctima el propio Mario Vargas Llosa con las alianzas mercantilistas en el Fredemo.
Durante los noventa, ante la amenaza del senderismo –que controlaba una tercera parte del Perú– y ante el fracaso de los partidos, muchos liberales optaron por la defensa del Estado y el desmantelamiento del sistema soviético que dejó el velascato.
La democracia y el mercado han madurado de tal manera en el país que el espacio estrecho que antes dejaba la lucha antisoviética se ha transformado hoy en un enorme terreno para el discurso libertario.
No solo se trata de defender el mercado y la propiedad, sino la democracia, los derechos humanos y el mercado que crean los emergentes informales. Si los liberales no se desmarcan del discurso conservador, no asumirán su responsabilidad con el Perú. En función de ese objetivo hay que desenmascarar al extremista, al que se proclama puro y difama con gesto adolescente, pero que juega en pared con los autoritarismos de derecha e izquierda.
La memoria como poder
La memoria como poder
Por Manuel Burga
Acaba de aparecer el libro El poder libre asháninca. Juan Santos Atahualpa y su hijo Josecito, de Pablo Macera y Enrique Casanto, 268 páginas, formato grande, una edición bilingüe, con 90 láminas a color, del fondo editorial de la USMP. Pablo Macera hace el estudio histórico y Enrique Casanto transcribe y pinta las tradiciones ashánincas. El historiador experimentado está detrás o junto al narrador/pintor, como el que indaga, interroga y diseña el itinerario a recorrer. En un indudable gesto de generosidad, acompañado de una necesaria estrategia metodológica, pulveriza la autoría y cede la palabra al artista nativo. Lo deja hablar en libertad, como lo hizo antes con el retablista ayacuchano Jesús Urbano Rojas en su libro Santero y Caminante, de 1992, y como lo repitió con la artista shipiba Lastenia Canayo cuando coordinó el libro Los dueños del mundo shipibo, de 2004, donde la artista se expresa también a través del relato y de las imágenes.
Estos tres trabajos, y muchos otros similares, se han hecho en ese discreto Seminario de Historia Rural Andina que Pablo Macera dirige en San Marcos desde 1966 y que se ha convertido en una suerte de taller donde artesanalmente se investiga sobre historia del arte, se exhiben muestras de artistas populares, construyen relatos de vidas, transcriben memorias personales y donde artistas nativos tienen un espacio de privacidad y atención para descubrirse y descubrir sus escondidas identidades. De aquí surgió, me parece, Víctor Churay, reconocido pintor bora, tan prematuramente desaparecido.
El lingüista Gustavo Solís, especialista en lenguas amazónicas, me dice que Enrique Casanto (Puerto Bermúdez, Pasco, 1956) es una suerte de intelectual asháninca, producto de ese original e iconoclasta taller de San Marcos. Una persona muy singular, que vive en Lima, trabaja en ese taller desde 1997, se multiplica en actividades diversas, estudia ingeniería industrial cuando no trabaja, tiene hijos artistas, amante de su pueblo nativo y un devoto pentecostal. Casanto, su apellido, significa orquídea y debe ser un patronímico de alguna notable familia asháninca, pero que aquí esas “noblezas” no encuentran refugio seguro sino en Huaycán, donde vive al compás de sus urgencias. Quizá nos crucemos tantas veces con él, con su figura tan común en esta zona, sin siquiera imaginar lo que encarna, lo que sabe, como avanzada de esos pueblos que nos miran atentamente desde el oriente peruano.
Las tradiciones que Casanto nos transmite tienen que ver con esa mítica rebelión de Juan Santos Atahualpa, entre los años 1742 y 1752, que conmovió la Selva Central y que dejó poblaciones movilizadas hasta casi fines del siglo XVIII. Stefano Varese estudió detalladamente esta rebelión en un ejemplar libro de etnohistoria de 1968, La sal de los cerros (una aproximación al mundo campa), donde describe casi todo lo que se sabe de este levantamiento. Juan Santos Atahualpa, un quechua cusqueño, educado por jesuitas, que viajó mucho, tomó conciencia de la situación colonial, se “iluminó”, se declaró descendiente de los incas, penetró en la selva, tomó una mujer asháninca y se levantó con un mensaje de salvación y esperanza. El paradójico logro de esta sublevación fue preservar el aislamiento asháninca hasta el siglo XIX, en que la República pudo más que el Virreinato, por esa ilusión tan razonable de una patria común.
Todo esto ya lo sabíamos y lo sabíamos muy bien, pero lo que ahora sorprende es que de la mano de Casanto, gracias a la curiosidad de su interlocutor, ingresamos a una vigorosa memoria asháninca donde aún vive Juan Santos Atahualpa. Más aún, los cien guerreros míticos que le dieron apoyo, luchando juntos, como muestra de esa momentánea integración étnica de la Selva Central. Guerreros que se metamorfoseaban en plantas, animales, para vivir transparentemente. Pero lo que más asombra es que nos habla por primera vez de Josecito, el hijo del jefe rebelde, el tullido que sobrevivió a la guerra, escondido a veces, pero ejerciendo un liderazgo casi religioso. ¿Quién es este personaje denominado hijo del gran jefe rebelde? ¿Una ilusión del pueblo asháninca que lo acompaña desde entonces?
Stefano Varese, como notable etnógrafo afuerino, los llamó campas, que ellos consideran un término peyorativo, que ahora –por el trabajo de sus organizaciones étnicas– han dejado completamente de lado y han logrado que todos los llamen simplemente ashánincas. Pablo Macera nos dice bastante misteriosamente, que con Casanto han decidido guardar en secreto el lugar donde reposan los restos de Juan Santos y de su hijo Josecito para tranquilidad de las poblaciones locales. Además, al final habla el historiador para decirnos que se esfuerzan para que la memoria siga siendo memoria, por que cuando se vuelve historia hay una condición inevitable: la domesticación del recuerdo. Hay que dejarla libre para que la memoria tenga poder. Un libro escrito y pintado en clave. Por supuesto, en clave asháninca.
Estadísticas
Estadísticas
Las estadísticas son una herramienta para acercarse a la comprensión de procesos socioeconómicos y una vía necesaria para obtener información sobre la marcha de una administración. Son indicadores que suelen reflejar tendencias, obtenidos mediante la aplicación de una metodología particular. En casi todos los países, los organismos oficiales en cargados de elaborarlas y difundirlas son cuestionados y sujetos a sospecha.
Es lo que ha ocurrido con el INEI con motivo del 0.19% de crecimiento del PBI que registró en febrero. El oficialismo salió a dar explicaciones diversas: que se había comparado un febrero con 29 días (el de 2008) con uno más corto, que se había cambiado de metodología y que el crecimiento real era de 4%. La oposición, por su parte, alegó que la real evolución del PBI arrojaba una cifra negativa. Lo cierto es que se invitó al INEI a dar los resultados con su antigua metodología y no hubo respuesta.
Existe una profunda brecha entre la percepción social y las cifras oficiales. Una explicación posible consiste que a lo largo de dos decenios en los países donde la riqueza global ha crecido, se ha agudizado la diferencia entre una minoría de beneficiados por la bonanza y una mayoría de excluidos. La desconfianza en las estadísticas oficiales puede explicarse con esa definición irónica que explica que ”sirven para demostrar que dos personas han comido medio pollo cada una, cuando en realidad una se comió uno entero y la otra ninguno”.
La polémica en torno a las estadísticas no data de ahora ni es atributo exclusivo del INEI (Farid Matuk podría escribir un libro al respecto), pero la pérdida de credibilidad que se atribuye a su nueva metodología ha derivado en que surjan entidades que manejan otras cifras, alimentando la confusión general. Pues estas cifras son aún más frágiles y sesgadas, y tampoco se nos indica cómo se ha hecho para llegar a ellas.
En este panorama, el anuncio próximo de las cifras de crecimiento del PBI en marzo debiera servir al INEI para una necesaria y hasta imprescindible reconstrucción de su legitimidad como instituto emisor de estadísticas públicas y poner punto final a las polémicas. Entre otras razones, porque es imposible pensar en un proceso de transformación y modernización de la estructura social sin la garantía de contar con estadísticas confiables y fidedignas.
Para ello basta recordar lo formulado en la Comisión de Estadística de la ONU el 10/12/03: ”Las estadísticas oficiales constituyen un elemento indispensable en el sistema de información de una sociedad democrática y proporcionan al gobierno y al público datos acerca de la situación económica, demográfica, social y ambiental. Con este fin, los organismos oficiales de Estadística han de compilar y facilitar en forma imparcial estadísticas de comprobada utilidad práctica para que los ciudadanos puedan ejercer su derecho a mantenerse informados”.
Casting urgente
Casting urgente
Por Susana Villarán
Las encuestas, en los últimos días, dirigen la mirada a quienes lideran el favor popular en su aspiración a llegar a Palacio en el 2011. Nadie le pregunta al pueblo qué espera que cambie, cuál es su norte y anhelo, demandas y sueños. Colocan la carreta delante de los bueyes. El inmediatismo obcecado que cada vez, lamentablemente, nos es menos ajeno. El “avance de la insignificancia”, como diría Castoriadis, frente a los debates profundos, a la escucha atenta que requiere discernimiento. Ejercicios y movimientos del pensamiento necesarios para gobernar.
Luego de un breve examen de lo que escucho y recojo en las calles, en los pueblos, en los jóvenes, en las mujeres; después de analizar lo que el Perú requiere con urgencia, estoy segura de que ninguno de los que aparecen hoy como “presidenciables” reúne los requisitos que el Perú con justicia demanda, que largamente espera.
Acuden a mí una serie de rasgos que debería encarnar quien fuese electo en los próximos comicios:
Una persona que asuma la conducción de un Estado activo y fuerte. Garante de los derechos de las personas y, a la vez, profundamente respetuoso y comprometido con su sociedad.
Una persona democrática, hondamente vinculada a su pueblo, atenta a sus instituciones y organizaciones, cercana a quienes están más lejos; con capacidad de escucha empática, concertación y diálogo.
Una persona que impulse la regionalización, la descentralización, como la gran reforma postergada por el Estado Peruano y que busque los signos de unidad en nuestra complicada y rica diversidad.
Una persona que haga de la educación, la ciencia y la tecnología las palancas para la igualdad de oportunidades entre los peruanos, como necesarias para el progreso y el salto productivo que necesitan las empresas pequeñas, medianas y grandes, generando la conciencia de un empleo digno, la noción de lo que es ser un trabajador ennoblecido por la acción de su oficio.
Una persona que coloque a la infancia y sus derechos en el centro de la agenda de gobierno y del país.
Una persona que sepa cómo librarnos del miedo y la inseguridad a quienes vivimos en el Perú, en los espacios privados y los públicos. Que devuelva el significado a la palabra “ciudadano” como sujeto que se siente seguro en el conocimiento de sus derechos y deberes y en la enunciación de los mismos.
Finalmente una persona transparente y honesta, cuya vida pueda ser imagen del trabajo y la preocupación coherentes por el aquí y ahora y como apuesta frente al futuro, una persona que sepa encender la chispa del sueño en el Perú. Alguien que sin afanes mesiánicos ni caudillistas nos muestre y nos haga sentir que, como decían los antiguos romanos, “después de las nubes se encuentra el sol”.
Nativos asháninkas toman control de la ciudad de Atalaya
Nativos asháninkas toman control de la ciudad de Atalaya
Para exigir al gobierno derogatoria de decretos legislativos. Aborígenes habrían intentado tomar la comisaría. Dirigente de Aidesep lo niega.
Después de 22 días de haberse iniciado el paro amazónico, nativos asháninkas lograron ayer el cierre total de las actividades en la ciudad de Atalaya, en Ucayali.
Los aborígenes han bloqueado el paso de embarcaciones en los ríos Tambo y Urubamba, y mantienen tomado el aeródromo local. Esto impide el abastecimiento de alimentos y combustible para los lugareños. Los comerciantes, a su vez, han optado por mantener cerrados sus negocios.
Según versiones extraoficiales, en una de sus movilizaciones, los nativos habrían cercado la comisaría y amenazado con tomarla.
Esa actitud habría obedecido a que el comisario, en declaraciones a una radioemisora local, invocó a la población a que no se solidarice con la lucha de los aborígenes y esta habría tenido eco en algunos lugareños que optaron por continuar con su rutina diaria, pero fueron impedidos de hacerlo por los piquetes de nativos apostados en los frontis de los edificios públicos.
Sin embargo, esta versión fue desmentida por Daysi Zapata, vicepresidenta de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep).
“Es mentira que los nativos hayan intentado atacar la comisaría. La toma de la ciudad es pacífica y la población no indígena lo entiende así, por lo que nos respalda en nuestra lucha”, aseguró Zapata, quien advirtió que si el gobierno no atiende sus demandas radicalizarán su protesta.
Los 1,500 asháninkas se han instalado en el aeródromo local, en cuya pista de aterrizaje han construido sus precarias chozas. Ayer volvieron a movilizarse por toda la ciudad.
Pedirán apoyo de petroleras
El presidente de Aidesep, Alberto Pizango, adelantó que desde hoy solicitarán el apoyo de empresas petroleras y gasíferas para presionar al gobierno y este derogue los decretos legislativos que consideran lesivos para las tierras comunales.
“En anteriores oportunidades ellas nos han apoyado. El gobierno escucha a los empresarios”, dijo tras precisar que el objetivo es plantear una exigencia conjunta al gobierno central, con un plazo de diez días para atenderla.
Militares en el VRAE no violan los DDHH
Militares en el VRAE no violan los DDHH
Afirman organizaciones de derechos humanos. En cita con presidente de Comando Conjunto, directivos precisaron que las denuncias individuales deben verse en el Ministerio Público.
María Elena Castillo.
El Ejército no tiene una práctica sistemática de violaciones de derechos humanos en los Valles de los Ríos Apurímac y Ene (VRAE), pero existen denuncias de casos individuales que el Ministerio Público debe investigar, precisaron representantes de los organismos de derechos humanos al presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Francisco Contreras.
El secretario ejecutivo de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, Ronald Gamarra, precisó que de ningún modo ellos tienen la intención de perseguir a los efectivos militares que están luchando contra los remanentes del senderismo aliados con el narcotráfico y, en todo caso, solo velan para que las fuerzas del orden operen tomando en cuenta la institucionalidad democrática.
Acción sin prejuicios
“Nosotros no partimos de la presunción de que los soldados violan derechos humanos, pero sí demandamos al Estado y a las Fuerzas Armadas que defiendan la legalidad, que defiendan el Estado de derecho, respetando los derechos humanos”, indicó Gamarra.
El abogado agregó que si hubiera una denuncia por violaciones de derechos humanos, la Fiscalía debería investigar y el Poder Judicial procesar en los casos que debe hacerlo.
“A nadie le debe extrañar eso, ni que los organismos de derechos humanos denuncien estos casos, que son individuales”, sostuvo.
Por su parte, el general Contreras indicó que las Fuerzas Armadas están luchando contra la subversión y el narcotráfico respetando plenamente las reglas de enfrentamiento, que están basadas en el Estado de derecho y el respeto a los principios democráticos.
Invitación para visitar el VRAE
El general Francisco Contreras invitó a los representantes de los organismos de derechos humanos a acompañarlos en una visita a la zona del VRAE, a fin de que observen las condiciones en que los militares están actuando.
Los representantes de derechos humanos expresaron su solidaridad con los miembros de las Fuerzas Armadas heridos y fallecidos durante la lucha contra el terrorismo y condenaron enérgicamente los atentados y acciones cometidos por los remanentes del senderismo y el narcotráfico.
Asimismo, ellos informaron que en los próximos días entregarán un grupo de sillas de ruedas para los soldados que resulten heridos durante los combates, gesto que el presidente del Comando Conjunto agradeció.
“La Policía tiene 2,000 cuadros antiterroristas para ir al VRAE”
“La Policía tiene 2,000 cuadros antiterroristas para ir al VRAE”
Entrevista/Gral. PNP Luis Montoya. El general PNP (r), ex director de la Policía Anticorrupción y ex director general de su instituto, sugiere que las fuerzas del orden recuperen la confianza de la población del VRAE.
Edmundo Cruz.
El gobierno finiquita el nuevo Plan VRAE. ¿Qué le sugeriría?
No olvidar algo fundamental: que el enemigo –la subversión y el narcotráfico– se ha infiltrado en una población de 170 mil habitantes. Cada poblado del VRAE tiene de dos a tres mil habitantes. Hay que comenzar recuperando ese tejido social.
¿De qué manera concreta?
Recuperando su confianza. En la primera línea están las fuerzas del orden, sea policía o fuerza armada, los funcionarios de educación, salud, agricultura, luego todo el Estado. Para que los trabajadores del sector público cumplan esta tarea, hay que levantar su autoestima.
¿Cómo? ¿Mejorando sus haberes?
Esta es una labor de formación, en primer lugar. A los profesores, por ejemplo, darles una formación humanística completa que puedan dar a sus educandos. Y lo propio a las fuerzas del orden y trabajadores públicos. Luego, es una cuestión de apoyo económico. No puede ser que un profesor que trabaja en Llochegua, el corazón del VRAE, gane lo mismo que uno que trabaja en la capital de la República. Debe haber un monto adicional para él.
La Policía hoy brilla por su ausencia en el VRAE. ¿Qué pasó?
Hace 30 años yo era guardia civil en Pampas, Tayacaja. Me mandaron a un pueblito, Córdova. Había lo que llamábamos el “comanpuesto”, comandante de puesto. La gente venía no solo por problemas policiales, sino porque le robaron un chanchito, una gallina, porque el hijo del fulano abusó sexualmente de la hija. Entonces, el “comanpuesto” oficiaba de juez de paz y hasta de conciliador para la población. Sin embargo, estos puestos fueron desapareciendo en Huancavelica, Ayacucho, Apurímac, La Convención, Junín, por el terrorismo que empezó en los años 80. Se les replegó y nunca más los restituyeron.
Es conocido que la Policía Nacional tiene cuadros experimentados en antisubversión, ¿por qué ellos no están en el VRAE?
En Llochegua, Boca Mantaro, zonas en las que se mueven los subversivos, hay comandos de Dinoes, policía antisubversiva, pero ellos van sin misión definida, a cumplir 45 días de servicio en su base, y punto. Esto es porque a la Policía no le han dado su lugar en la estrategia antisubversiva en el VRAE.
Pero hay comandos antidrogas en Palmapampa y Satipo…
En buen sentido, a esta policía yo la llamo “pituca”, porque le paga la DEA y muy bien, llega en avión, opera, golpea y sale. Tiene helicópteros que son del gobierno americano. Deberían haber más bases como estas, pero pagadas por el gobierno peruano.
Porque como el que tiene la plata manda, las autoridades de la policía peruana responden en última instancia a las directivas de los funcionarios de la embajada americana. Esto no está bien. Considero que la estrategia y la política debe trazarla la autoridad responsable del país, y los que vienen con su apoyo tienen que subordinarse a esa estrategia, a esa política y forma de hacer las cosas.
Dincote formó ingentes cuadros antiterroristas. ¿Por qué ellos no están en el VRAE?
Calculo que la Policía, a través del GEIN (Grupo Especial de Inteligencia), formó unos 2,000 cuadros antiterroristas calificados en la lucha contra Sendero, alumnos de estos grandes oficiales Miyashiro, Benedicto Jiménez, el general Vidal, Gonzales, John Caro y el “Chino” Valencia, que ahora ha sido enviado, no sé por qué, al Huallaga, cuando él debía estar en el VRAE. La Policía cuenta con suficientes cuadros operativos en actividad y en reserva. Solo que se les debe buscar, darles la oportunidad y pagarles un poquito más. Lo reciente y alentador es el nombramiento del general Marco Miyashiro como representante del ministerio del Interior ante el Grupo de Trabajo VRAE.
¿Fue decisiva la gestión de Fujimori para la derrota de Sendero Luminoso?
Esa idea es obra de los operadores políticos de Fujimori. Hay que recordar que el GEIN se formó en 1987, tres años antes del inicio del gobierno de Fujimori. Yo no soy político, pero las cosas deben ser claras. La pacificación se daba con cualquier gobierno que hubiera llegado al poder en 1990 y que hubiera seguido dando el apoyo que ya venía recibiendo Dincote. La pacificación fue un proceso que había ido madurando.
Usted sostiene que el Huallaga se pacificó pero, ¿y “Artemio”?
“Artemio” caerá en cualquier momento, como resultado de un plan que se inició el 2006. Ya cayeron “Clay”, “JL” y otros mandos medios. Artemio caerá de maduro. Y, ojo, cuando esto se produzca no será gracias a la gestión de Alan García o de la ministra Mercedes Cabanillas.
“25% del canon que se propone debe ser para la Policía”
El Congreso discute un proyecto de ley sobre canon para las Fuerzas Armadas, ¿qué opina?
Me parece bien que miren hacia las fuerzas del orden que están desmanteladas, tanto las fuerzas armadas como la Policía. Lo que sí me extraña es que en este proyecto de los padres de la patria no se haya considerado a la Policía Nacional, cuando según el artículo 163 de la Constitución, la institución encargada del orden interno es esa institución. Es obvio que para cumplir ese mandato se requieren recursos económicos suficientes; sin embargo, la PNP no ha sido considerada en ese proyecto. En mi opinión, un canon destinado a preservar la seguridad del Estado debería distribuirse un 75% para la Fuerzas Armadas y 25% para la Policía.
¿Reciben los policías destacados al VRAE alguna bonificación?
No, no reciben ningún bono adicional, y eso no ayuda a levantar la autoestima del personal. La Policía continúa siendo objeto de maltrato. En tanto que otros trabajadores del sector público reciben un sueldo de gratificación, la Policía solo percibe 200 soles por ese concepto. Igual ocurre con el beneficio de escolaridad que solo alcanza también 200 soles.
Toledo en las Naciones Unidas
Toledo en las Naciones Unidas
CON BAN KI-MOON
El ex presidente Alejandro Toledo recibió ayer un singular espaldarazo del secretario general de la ONU Ban Ki-moon luego de escuchar su proyecto de la Agenda Social para la Democracia en América Latina. Toledo se presentó ante el despacho de Ki-moon en su condición de presidente del Centro Global para el Desarrollo y la Democracia (CGDD) para explicar sus trabajos realizados desde noviembre del 2007 con un grupo de quince ex presidentes, en la mira de fortalecer la democracia y la paz social en América Latina.
La ética o la ortografía
La ética o la ortografía
Autor: Cecilia Blondet
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Dos cuestiones. Primero, resulta indignante que, teniendo una Constitución que garantiza la educación obligatoria y gratuita a todos los ciudadanos y ciudadanas del Perú, tengamos más de un millón de mujeres peruanas que nunca han ido a la escuela.
¿Qué dice el ministro de Educación de este caso que ha saltado a la primera plana gracias a un insidioso artículo periodístico del diario Correo del jueves 23 de abril?
Para ser exacta, de acuerdo con el último Censo Nacional, se registra un total de 1 millón 359,558 personas que no saben leer ni escribir (analfabetos). El 60% (810,768) vive en zonas rurales; tres de cada cuatro (1’023,288) son mujeres y casi la mitad (671,424) tienen como lengua materna una lengua indígena (quechua, aimara o alguna lengua amazónica). O sea, principalmente: mujeres rurales indígenas.
Estas son cifras vergonzosas, pero no son las únicas en el registro educativo nacional. Hay un grupo grande de escolares que sufre la bajísima calidad de la educación pública: cientos de miles de niñas, niños y adolescentes que hoy asisten a las escuelas públicas y que casi no entienden lo que leen.
La segunda cuestión es la calidad de la representación. ¿Qué Congreso tenemos? Trabajadores fantasmas (Elsa Canchaya, Walter Menchola, Tula Benites, entre varios otros), el abuso de gastos operativos (José Anaya y su millonario pollo a la brasa) o la reciente inclasificable respuesta del aprista Édgar Núñez quien, encarado ante la posibilidad de una hija no reconocida, dijo, en un claro castellano, que “la criatura es gordita”, por lo que no podía ser su hija.
La calidad de un representante involucra muchas más dimensiones que solo su manejo de la ortografía o su pronunciación. La ética es lo importante. ¿Cómo harán los partidos para que no se filtren sinvergüenzas en las próximas elecciones? ¿Cómo harán las maquinarias políticas para sancionar a sus militantes en cargos públicos si se portan mal? ¿Sobre qué criterios elegiremos los ciudadanos a los congresistas más capaces?
Hilaria Supa representa hoy a este millón de mujeres indígenas que no tienen formación escolar, que no se han socializado en un aula educativa, que no tienen familiaridad con los libros… Pertenece a un enorme sector de personas que hablan mal el castellano y que lo escriben mal también.
Pero es congresista. Animamos a la señora Supa a usar ese poder para liderar la campaña de erradicación del analfabetismo y garantizar una educación bilingüe de calidad para todas las poblaciones indígenas del país.